Circulación
Qué es la microcirculación y por qué casi nadie te habla de ella
En las consultas se habla de tensión, de colesterol y de arterias. Casi nunca de los vasos donde ocurre de verdad el trabajo.
Rosina Touriñán3 min de lectura
Cuando pensamos en circulación pensamos en tuberías grandes: la aorta, las carótidas, las arterias de las piernas. Son las que salen en los dibujos y las que se miran en las pruebas. Pero la mayor parte de la red circulatoria no son esas. Son vasos diminutos, del grosor de un cabello o menos, repartidos por todo el cuerpo.
Arteriolas, capilares y vénulas
La microcirculación es el conjunto de arteriolas, capilares y vénulas. Se estima que en torno a tres cuartas partes del sistema circulatorio corresponde a esta red pequeña. Son tan finos que los glóbulos rojos pasan prácticamente de uno en uno, en fila.
Ahí es donde ocurre lo importante. La sangre no lleva oxígeno para llevarlo: lo lleva para entregarlo. Y la entrega se hace en el capilar, no antes. El mismo sitio donde el tejido devuelve el dióxido de carbono y los residuos del metabolismo para que se los lleven.
Puedes tener las arterias grandes perfectas y aun así tener tejido mal abastecido, porque el último tramo del camino no está funcionando bien.
La vasomoción: el detalle que cambia la película
Los microvasos no son mangueras pasivas. Tienen musculatura propia y se contraen y se relajan con un ritmo lento y espontáneo. Ese movimiento se llama vasomoción, y es el que reparte la sangre por los distintos territorios, abriendo unos capilares y cerrando otros según lo que cada zona necesite en cada momento.
Cuando ese ritmo se debilita, el problema no es que llegue menos sangre. Es que llega peor repartida. Unas zonas quedan bien servidas y otras se quedan a medias durante más tiempo del que deberían.
Qué la deteriora
- La edad, que reduce progresivamente la elasticidad y el ritmo de los microvasos.
- La inmovilidad prolongada, incluida la de estar sentado ocho horas seguidas.
- El estrés sostenido, que mantiene el sistema en estado de alerta y prioriza unos territorios sobre otros.
- El tabaco.
- Algunas enfermedades metabólicas, especialmente la diabetes, que daña específicamente los vasos pequeños.
- El propio proceso de una lesión, que altera el riego de la zona durante semanas.
Señales que suele dejar
No hay un síntoma exclusivo, y por eso pasa desapercibida. Pero hay un conjunto de quejas que aparecen juntas con frecuencia: sensación de frío persistente en manos y pies, pesadez o hinchazón al final del día, calambres, cansancio que no se corrige durmiendo más, heridas que tardan más de lo esperable en cerrar y una recuperación lenta después del ejercicio.
Qué se puede hacer
Lo primero, y esto no lo vende nadie porque es gratis: moverse. El músculo que se contrae es la bomba más eficaz que existe para los vasos pequeños. Caminar todos los días, levantarse cada hora, subir escaleras. Suena decepcionante y es lo que más funciona.
Después están el calor y el frío alternos, la elevación de piernas, dejar de fumar y dormir lo suficiente, porque buena parte de la reparación tisular ocurre mientras duermes.
Y luego hay herramientas concretas, como la terapia físico vascular, pensadas específicamente para estimular ese movimiento propio de los microvasos. Tienen sentido como complemento de todo lo anterior, no como sustituto. Quien te diga que un aparato reemplaza el moverse te está vendiendo algo.
