ROSENDO TOURIÑAN

Buenos días,

Me llamo Rosendo Touriñan Morist, nacido el 5 de Enero de 1950.

Quiero dejar constancia de lo que seguidamente voy a reflejar, siendo totalmente cierto en cuanto a mi se refiere y doy fe de ello.


En primer lugar, quiero dar las gracias a la terapia BEMER puesto que a mí me ha devuelto la vida; puntualizaré, estoy intervenido quirúrgicamente de ambas caderas con sustitución de rótulas superiores (cabeza de fémur), conjunto derecho e izquierdo.


El lado izquierdo fue impecable desde el primer momento, sin ningún tipo de problema; a los dos meses andaba perfectamente sin ayuda asistida, ni muletas o bastón de ningún tipo, habiendo desaparecido todo vestigio de dolor o molestia.


A los dos meses, visto el éxito de la intervención anterior, decidimos operar la segunda cadera con un devastador desgaste también. Aquí es cuando empieza el calvario.


Me operan una, dos y hasta tres veces de la misma cadera obteniendo como resultado siempre al poco tiempo mucho dolor y cada vez mas incapacidad para realizar la actividad diaria. En la última operación el traumatólogo decide hacer un cultivo y determinaron que tenía una bacteria que estaba entre vástago y hueso, provocando un aflojamiento de la prótesis y un dolor extremo.


Vista la situación, después de ocho años de mucho sufrimiento, conocimos BEMER y decidimos comprarla ya que teníamos antecedentes positivos de su eficiencia.

Al cabo de 15 días ya noté una mejora con la disminución del dolor e incluso cojeaba menos. Paulatinamente seguí notando una gran mejoría, hasta que llegó a desaparecer el dolor. El traumatólogo no se lo podía creer, pero la evidencia sigue estando presente, con movilidad más que óptima, sin ayudas de ningún tipo; siendo así, hasta el punto, que actualmente todos los días ando entre 3 y 5 km e incluso los domingos salimos con unos amigos a hacer excursiones de unos 15-20 km de media, con la particularidad además que tengo 70 años de paso y peso más de 90 kg (no soy peso pluma precisamente).


Antes de usar la terapia BEMER tenía un dolor intenso en el interior del hueso el cual me imposibilitaba andar. Estaba físicamente muy limitado, psíquicamente hundido profundamente, a niveles de desesperación.

Después de usar BEMER he recuperado la movilidad física y ha sido el fin del dolor cómo lo conocía, recuperando totalmente la autoestima y desapareciendo la depresión.


Ahora me siento divinamente, siguiendo todos los días sin excepción la terapia BEMER ya que si, por alguna cuestión, dejo de usarla vuelve el reconocido dolor a sacar la cabeza. Soy la persona dinámica que era  y Gracias a BEMER vivo mi vida cada día dignamente, disfruto de lo que realmente tiene valor sentimental y soy menos cascarrabias.

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